Hoy se cumple el 152º aniversario del nacimiento del gran poeta del Modernismo, Rubén Darío. Acompáñanos por este paseo por su vida.

Infancia y juventud

Félix Rubén García Sarmiento, más conocido como Rubén Darío, nació el 18 de enero de 1867 en Metapa, actualmente Ciudad Darío. Pasó su infancia en León (Nicaragua) con sus tíos abuelos maternos, a los que consideró sus verdaderos padres en su infancia. Apenas tuvo contacto con sus padres biológicos, Rosa Sarmiento y Manuel García, que se separaron siendo muy pequeño Rubén.

En su autobiografía, cuenta que ya sabía leer a los tres años, algo prodigioso. Pronto empezó a escribir y a componer versos. Con tan solo trece años publicó su primer poema, Una lágrima, en el periódico El Termómetro, de la ciudad de Rivas, en 1880. Poco después comenzó a colaborar con la revista literaria de León El Ensayo, llegando a alcanzar fama de poeta niño. Proyectó su primer libro con tan solo catorce años, aunque no llegó a publicarlo. Su pensamiento de impronta liberal le llevó en diciembre de 1881 a la capital del país, Managua, donde le habían llamado los políticos liberares porque querían que se educara en Europa. Pero sus ideas anticlericales suscitaron los recelos del presidente del Congreso, el conservador Pedro Joaquín Chamorro y Alfaro, por lo que le propusieron a Darío que continuara su formación en la ciudad nicaragüense de Granada. Sin embargo, Darío prefirió quedarse en Managua, donde continuó desarrollando su incipiente labor periodística. En agosto de 1882 partió hacia El Salvador.

Tuvo una juventud casi nómada, viviendo en diferentes países de Hispanoamérica (El Salvador, Chile, Perú, entre otros). En 1888 publica, gracias a unos amigos, Azul…, obra considerada como una de las más relevantes del Modernismo. Aunque no tuvo un éxito inmediato, el novelista español Juan Valera escribió dos cartas dirigidas a Rubén Darío para el periódico El Imparcial y en las que lo reconocía como “un prosista y un poeta de talento” . A partir de la segunda edición (1890) de Azul…, estas dos cartas se publican como prólogo, que habían supuesto su consagración como escritor.

Periodista y escritor en Hispanoamérica

En 1890 contrae matrimonio con Rafaela Contreras Cañas, hija de un famoso orador hondureño, Álvaro Contreras, defensor de la unión hispanoamericana. Al día siguiente de su boda, el general Ezeta dará un golpe de estado para derrocar al presidente Francisco Menéndez. Ezeta, que había asistido como invitado a las nupcias de Rubén Darío, le ofreció cargos en el gobierno, pero Darío los rechazó y se marchó del país, dejando en El Salvador a su esposa. Desde Guatemala, llamó a Ezeta traidor en un artículo escrito para el diario guatemalteco El Imparcial.

Asumió la dirección del periódico de nueva creación El Correo de la Tarde. En enero de 1891, se reunió de nuevo con su esposa en Guatemala y ambos partieron juntos al mes siguiente hasta Costa Rica, ya que el periódico dejo de percibir la subvención gubernamental y tuvo que cerrar, por lo que Rubén Darío quiso probar suerte en otro lugar. En noviembre de ese año nació su primer hijo.

Viajes por América y Europa

Incapaz de sacar adelante a su familia, pasó de nuevo al continente en 1892, buscando mejor suerte. El gobierno nicaragüense lo envió como miembro de la delegación que mandó a Madrid con motivo del centenario del descubrimiento de América. En Madrid conoció a algunos de los más importantes escritores y personalidades de la época: Marcelino Menéndez Pelayo, Antonio Cánovas del Castillo, Juan Valera, Emilia Pardo Bazán, José Zorrilla, entre otros. En noviembre de ese mismo año, regresó a Nicaragua. Allí recibió un telegrama desde San Salvador notificándole la enfermedad de su esposa, que falleció en enero de 1893.

A principios de 1893, Rubén Darío permanece en Managua, donde reanuda la relación amorosa que tuvo en su juventud con Rosario Murillo, cuya familia los obliga a casarse. En abril de ese año, marchan a Panamá. El presidente colombiano, Miguel Antonio Caro, amigo de Darío, le concede el cargo de cónsul honorífico en Buenos Aires, a donde parte sin su esposa, que permanecerá en Panamá. Entonces comienza su periplo por América y Europa. Visita Nueva York, donde conoce a José Martí, con quien le unen ciertos rasgos. Y viajará a París, haciendo realidad su sueño de juventud. En la capital francesa conocerá a Enrique Gómez Carrillo, Alejandro Sawa, Jean Moréas y tendrá un decepcionante encuentro con su admirado Paul Verlaine.

En Buenos Aires

En Buenos Aires, ciudad que le causó una honda impresión, obtuvo una gran acogida. Colaboró con varios periódicos, además de La Nación, de la que ya era corresponsal.

La madre de Rubén Darío muere en 1895. Aunque apenas la había conocido, esta pérdida le afectó mucho. Además, en octubre de ese año, el gobierno suprimió su consulado y perdió una parte importante de sus ingresos. Para remediarlo, aceptó un trabajo de secretario para el director general de Correos y Telégrafos.

En 1896 publica dos libros importantes para su trayectoria literaria: Los raros, una recopilación de artículos sobre escritores que le llamaban la atención, y Prosas profanas y otros poemas, que supuso la consagración del Modernismo literario. Los poemas de este libro se harán muy conocidos, aunque no tuvieron una gran acogida en un primer momento.

Rubén Darío en España

La Nación lo envía como corresponsal a Madrid para que dé cuenta de la visión de la sociedad española del desastre de 1898. Cumplió con su compromiso de enviar cuatro crónicas mensuales al periódico, que más tardes fueron recopiladas en un libro: España Contemporánea. Crónicas y retratos literarios.

En España, conoció a los jóvenes poetas que defendían el Modernismo: Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Francisco Villaespesa

En 1899, aunque sigue casado con Rosario Murillo, conoce a Francisca Sánchez del Pozo, una campesina analfabeta, hija del jardinero de la Casa de Campo de Madrid. Ella será el amor de su vida. La enseñará a leer y a escribir y la llevará a París.

Corresponsal en París

En 1900, con motivo de la Exposición Universal, que se celebraba en París, viajó a la Ciudad de la Luz como corresponsal de La Nación. Sus artículos sobre la Exposición se recopilaron en el libro Peregrinaciones. Además, en París conoció a Amado Nervo, quien sería su gran amigo.

Rubén Darío estableció su residencia en París. Francisca, embarazada cuando partió Darío, dio a luz a una niña, que dejó al cuidado de sus abuelos, y se reunió con Rubén en París. La niña falleció poco tiempo después al contraer la viruela sin que Darío llegara a conocerla.

En 1902, conoce a Antonio Machado, que se declara admirador de su obra. En 1903, Nicaragua lo nombra cónsul, lo que le permite vivir con mayor desahogo económico. Durante este periodo viajará por Europa, visitando países como Reino Unido, Bélgica, Alemania e Italia.

En 1905, el gobierno nicaragüense lo envía para formar parte de una comisión especial en Madrid para tratar el conflicto con Honduras. Ese año publicará el tercer libro clave para el Modernismo: Canto de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas, editado por Juan Ramón Jiménez. También escribe poemas memorables, como A Roosevelt, en el que critica el imperialismo estadounidense.

En 1906, participa en la Tercera Conferencia Panamericana celebrada en Río de Janeiro. Para tal ocasión compuso el poema Salutación al águila, por el que será muy criticado al ensalzar la figura de los Estados Unidos. Por entonces, parece que concibió la idea de divorciarse de su esposa, Rosario Murillo, de la que llevaba años separado.

Rubén Darío pasó el invierno de 1907 en Mallorca, acompañado por Francisca. Cuando iba a regresar a París, en marzo de ese año, el alcoholismo que sufría Darío lo hizo caer gravemente enfermo. La llegada de su esposa a París en 1907 enturbió su tranquilidad. Se negaba a concederle el divorcio a Darío sin una compensación económica que el poeta consideró desmesurada. Sin acuerdo, Darío decidió viajar a Nicaragua para presentar el caso ante los tribunales.

No tuvo suerte con la demanda de divorcio y, debido a que no le pagaban sus honorarios como cónsul, se vio imposibilitado de volver a París. Meses después de gestiones, el presidente José Santos Zelaya lo nombró embajador en Madrid. Pero el ajustado presupuesto que tenía la embajada nicaragüense le hicieron pasar apuros económicos, que solo pudo hacer frente gracias al sueldo que le pagaba La Nación y a que su amigo Mariano Miguel de Val se ofreció como secretario sin remuneración y ofreció su casa a la embajada. Cuando Zelaya fue derrocado, Darío permaneció fiel, pero tuvo que renunciar a su cargo.

Últimos años

Rubén Darío vuelve a París. Su alcoholismo le causaba problemas de salud y crisis psicológicas de manera frecuente. En 1910, viaja como miembro de una delegación nicaragüense a México para celebrar el centenario de la independencia de dicho país. El gobierno mexicano cambió mientras se encontraba de viaje y el dictador Porfirio Díaz se negó a recibir a Darío. El pueblo, en cambio, le brindó una gran acogida. Hubo mucho revuelo, siendo considerado por el poeta como preludio de la Revolución mexicana.

El trato del gobierno Mexicano hizo que Darío zarpase a La Habana, donde, por culpa de su alcoholismo, intentó suicidarse. Volvió de nuevo a París, siguiendo con su labor para La Nación y desempeñando un trabajo para el Ministerio de Instrucción Pública mexicano, que se le ofreció como compensación por el bochorno pasado. Dos años después, aceptó la oferta de los hermanos Guido para dirigir dos revistas y realizar una gira por Iberoamérica. Cumplido dicho contrato, en 1913 viajó a Mallorca invitado por Joan Sureda.

Volvió a París en enero de 1914, donde mantuvo un largo pleito con los hermanos Guido, que no le habían abonado parte de sus honorarios. En mayo, se instala en Barcelona. Su salud está ya muy deteriorada y sufre alucinaciones, además de estar obsesionado con la muerte.

Muerte

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, abandona a su familia y pasa de nuevo a América. Primero recala en Nueva York y luego prosigue su viaje por Guatemala, donde lo protege Estrada Cabrera, antiguo enemigo, y finalmente llega a su tierra natal, Nicaragua. Regresa en León, su ciudad de la infancia, un mes antes de fallecer, el 6 de febrero de 1916. Fue enterrado en la Catedral de León el 13 de febrero de ese mismo año.

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