Benito Pérez Galdós es uno de nuestros novelistas más importantes. Junto con Leopoldo Alas, Clarín, es uno de los máximos representantes de la literatura española del s. XIX. Hoy se cumplen 99 años de su fallecimiento, casi un siglo sin Pérez Galdós, y no podíamos dejarlo pasar sin dedicarle un artículo en nuestra sección Escritores y traductores. Acompáñanos a hacer un pequeño paseo por su vida y obra.

Breve reseña biográfica

Primeros años

Benito Pérez Galdós nació el 10 de mayo de 1843 en Tenerife, hijo de un militar y una dama guipuzcoana, cuyo padre había sido secretario de la Inquisición. Galdós se aficionó a los relatos históricos gracias a las historias que su padre le relataba sobre la Guerra de la Independencia (1808-1814), en la que participó por su condición castrense. En 1852 ingresa en el Colegio de San Agustín, donde habían comenzado a divulgarse las polémicas ideas de Darwin, que algunos críticos han rastreado en sus obras.

Galdós ya había empezado a colaborar con los medios locales, suministrándoles poesías, ensayos y cuentos, cuando se graduó como bachiller en Arte, en 1862, en el Instituto de La Laguna (Tenerife), donde había sobresalido por su facilidad para el dibujo y su buen memoria. La llegada de una de sus primas a la isla, por la que sentía algo, hizo que su madre lo mandara a Madrid para que estudiara Derecho.

Aunque se matricula en la universidad en Derecho ese mismo año, será un mal estudiante. No asistirá a las clases y se pasará los días deambulando por la ciudad. Con todo, allí conoce a Francisco Giner de los Ríos, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza, quien lo aproximó a las ideas krausistas, pensamiento que se puede rastrear en sus primeras obras. Frecuentaba, también, los teatros madrileños y la  “Tertulia Canaria”, donde encontró paisanos suyos, como los escritores Nicolás Estévanez y José Plácido Sansón. También era habitual que acudiera a leer al Ateneo, lugar en el que conoció a Leopoldo Alas, Clarín, con quien mantuvo una gran amistad.

En 1868 realiza su primer viaje al extranjero como corresponsal en París para cubrir la Exposición Universal. De allí traerá obras de Balzac y Dickens. De este último traduce Los papeles póstumos del Club Pickwick, que apareció por entregas en La Nación.

El comienzo del camino literario de Galdós

En 1870, su cuñada le costea la publicación de su primera novela, La Fontana de Oro, donde ya da visos de su gran quehacer histórico. La Sombra aparecía, también ese año, por entregas en La Revista de España. Por los mismos años conoce al que será durante 20 años su editor, Miguel Honorio de la Cámara y Cruz, y con el que se verá inmerso en un pleito interminable.

En 1873 comienza la publicación de sus Episodios Nacionales, con los que realiza una inmensa crónica del siglo XIX desde el testimonio de la vida íntima y privada de españoles testigos de los acontecimientos narrados. Esta magna obra está compuesta por 46 novelas. Galdós quería que fueran cinco series con diez novelas cada una, pero el último lo dejó inacabado. Su última novela, la publicará en 1912 y lleva por título Cánovas.

Madurez

Galdós siempre llevó una vida acomodada. Se dedicaba a escribir y a leer, a pasear por Madrid en busca de conversaciones que le sirvieran para revestir de frescura sus textos.

Su carrera política comenzó en 1886, cuando se aproximó al Partido Liberal y su amistad con Sagasta le llevó a ser diputado por Guayama (Puerto Rico), circunscripción que nunca llegaría a visitar. En el Congreso no destacó por su enorme timidez, pero le sirvió para tener otra visión más de la sociedad española como materia novelable.

En 1897, Galdós es elegido como miembro de la Real Academia Española, pese a la oposición de ciertos sectores conservadores.

El teatro de Galdós

También prueba suerte en el teatro, donde tendrá cierto reconocimiento. Su obra más controvertida y reseñada, junto con su Casandra, fue Electra, que se estrenó en un momento crítico. Fue un alegato contra los poderes de la Iglesia y la influencia política que quería ejercer el Vaticano. Eso llevo a que una conspiración de los ultramontanos lo alejara de ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1912. Pero su éxito en el teatro fue discreto, pues muchas de sus obras eran adaptaciones de novelas o novelas narradas, lo que conllevaba que aparecieran muchos personajes y la acción no fuera lo primordial.

Últimos años

En la última etapa de su vida, Galdós se dedicó a sus compromisos políticos y a su actividad teatral. La pérdida de visión que sufrió en sus últimos años y sus problemas económicos lo marcaron negativamente. El 20 de enero de 1919 se descubrió un monumento en su honor en el Parque del Retiro, donde, por su ceguera, pidió que lo alzaran para palpar la escultura, emocionándose. Un año después, el 4 de enero de 1920, fallecía en su domicilio de la calle Hilarión Eslava, Madrid. Tuvo un entierro multitudinario en el que miles de ciudadanos acudieron a despedirlo.

Selección de obras

Detallar todas las obras de Galdós sería un trabajo inmenso, pero queremos acercaros a algunas de ellas:

  • Fortunata y Jacinta (1887)
  • Doña Perfecta (1876)
  • Misericordia (1897)
  • Realidad (1892)
  • Trafalgar (1873)
  • Los cien mil hijos de San Luis (1877)
  • Montes de Oca (1900)
  • Narváez (1902)
  • Cánovas (1912)
  • Electra (1901)
  • Casandra (1910)
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